Estamos creando un Mapa

19. septiembre 2016 Sin categoría 0
Estamos creando un Mapa

Es un placer contemplar mapas antiguos. Aunque estén hechos con esa aparente bisoñez, con trazos imperfectos, colores entremezclados y tipografías confusas, los mapas son siempre expresión de conquista y constatación de lo vivido: son un acto de afirmación y han contribuido, como pocos objetos culturales lo hicieron, a disolver esa confusa línea que separa la fe de la razón. Y lo hacen a gritos, con la contundencia de la geometría, aunque sea con la silenciosa voz del pergamino donde el ser humano, sin embargo, ve mares y accidentes, montañas y desiertos, proyectando milagrosamente en un papel la enorme complejidad del mundo en el que vive. El mapa es el testimonio que pregona a los cuatro vientos que estuvimos allí y que lo hicimos nuestro, pero también deja el camino abierto hacia lo desconocido, como nos recuerdan esos amenazantes dragones medievales en sus márgenes. Es el hermano pulcro y esmerado de la pintura, siempre atento a reproducir el detalle y la distancia con rigor, mientras su hermana mayor se deja abrazar impúdicamente por el empuje de nuestra imaginación, sintiéndose libre sobre el lienzo.

El mapa es el testimonio de nuestra inseparable espacialidad, de lo mucho que nos preocupa su exploración porque, aunque parezca tan cercana, es una gran desconocida que reta constantemente a nuestros sentidos por querer llegar mas allá de lo que vemos y de lo que oímos. Pero como en todo lo humano, siempre hay una doble lectura. Al avanzar cubriéndonos las espaldas, dejamos un reguero de marcas e indicaciones sobre el peligro, el placer o la duda. Ningún mapa es aséptico, sino que está contaminado por nuestros miedos y anhelos. Están poblados de avisos, sugerencias y recordatorios sobre lo que nos preocupa y nos conmueve. Del mismo modo que no podemos dejar de enjuiciar lo que nos rodea, nos sentimos incapaces de reprimir la idea de contarlo y compartirlo con los demás, aunque sea con signos imprecisos y transformaciones atribuladas. En los mapas consentimos el convenio y, aunque no estén ahora aquí, sentimos la presencia de los otros en cada trazo.

Las mujeres de AMDAS-LAFONTE añaden a la exploración del mundo un rasgo casi épico, al redoblar en cada movimiento un esfuerzo suplementario que quizás no estaba en los planes. Pero al mismo tiempo, en un ejercicio de gran generosidad, no dudan en compartir con nosotros esa cartografía tan íntima que sólo se produce cuando se es verdaderamente consciente de la corporeidad, cincelada en su caso por la feroz lucha que el mundo construido les plantea en cada esquina, en cada peldaño o en cada puerta. Un mapa lleno de avisos, de vivencias y consejos, de sinsentidos y de progresos, lleno de rosas y espinas. Nunca les estaremos suficientemente agradecidos.

 


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